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domingo, 14 de noviembre de 2010

Cine Brasileño

El cine brasileño en la actualidad se encuentra muy desarrollado, constituyendo un punto importante en la industria, las realizaciones en cooperación con empresas y artistas extranjeros, con un importante mercado nacional, y un creciente interés internacional.

Desde el cine mudo, hasta las actuales producciones multinacionales, el camino recorrido por el cine brasileño es muy productivo.

Años 1930 y 1940

La película Límite (1930) de Mario Peixoto no fue bien recibida por el público; pero, eventualmente, fue vista como una obra maestra de la era del cine mudo, junto con Ganga Bruta (1933 de Humberto Mauro.[1]

En 1930, la empresa Cinédia fue fundada por Adhemar Gonzaga, quien se dedicó a la producción de dramas populares y comedias musicales burlescas, un género que fue peyorativamente denominado chanchada. A menudo, la chanchada incluía sátiras de películas de Hollywood.

Carmen Miranda en el musical de Hollywood, The Gang's All Here (1943).

La actriz Carmen Miranda ganó notoriedad en el extranjero. En 1946, O Ébrio de Gilda de Abreu, una película muy representativa del típico melodrama latino, se convirtió en un éxito de taquillas y atrajo a unos cuatro millones de espectadores. El presidente Getúlio Vargas fue consciente del crecimiento de la industria cinematográfica y, en 1939, promulgó un decreto que garantizaba a los películas brasileñas una cuota de exhibición en salas de cine, una ley que aún existe. Si bien el decreto de Vargas puede ser visto como una medida positiva o nacionalistas, también ha sido interpretada como una forma de control e intervención estatal.

Años 1950

Durante los años 1940 y 1950, las películas producidas por la empresa Atlântida Cinematográfica tuvieron gran éxito y atrajeron a grandes audiencias al continuar con las chanchadas. Entre los actores que estuvieron asociados con Atlântida y que habían trabajado previamente en las películas de Cinédia se encuentra Oscarito,[2] un comediante con algunas reminiscencias de Harpo Marx, como protagonista y comúnmente acompañado por Grande Otelo, quien usualmente fungía como actor de reparto.[3] José Lewgoy apareció comúnmente como villano,[4] mientras que Zézé Macedo tomo a menudo el rol de la esposa indeseada y quejumbrosa.

A menudo, las películas de este período han sido ignoradas por considerarse que eran demasiado comerciales y americanizadas, aunque para los años 1970, cierto revisionismo buscó restaurar su legitimidad. A pesar de ser pasada por alto por las élites intelectuales, estas películas atrajeron a grandes audiencias, como ninguna otra película del Cinema Novo lo logró. En la actualidad, las telenovelas, especialmente la novela das sete (un sobrenombre otorgado a las novelas producidas por el canal Rede Globo y que eran transmitidas de lunes a sábado a las 7 p.m.) son identificadas como herederas del espíritu de la chanchada. Muchas de las películas producidas por la compañía han desaparecido a lo largo de los años debido al fuego o a la inundación de las instalaciones donde estaban almacenados.

Años 1960. Cinema Novo

El neorrealismo italiano, seguido más tarde en los años 1960 por la Nouvelle vague francesa (o Nueva Ola), estimuló un nuevo tipo de cine modernista y experimental en todo el mundo. En Brasil, esta tendencia fue llevada a cabo por su propio movimiento de nueva ola: el Cinema Novo. Glauber Rocha, un cineasta muy politizado de Bahía,[5] se convirtió rápidamente en el director de cine más importante, a menudo considerado como el líder del movimiento. Su trabajo contiene muchos elementos alegóricos, una fuerte crítica política y una impecable puesta en escena que fue fácilmente adoptada por los intelectuales.[6]

Rocha, a menudo, hablaba de sus películas como el punto de partida de lo que consideraba ser la visión del colonizador a quien la pobreza era una realidad exótica y distante, así como el colonizado que veía su condición tercermundista como vergonzosa. Rocha buscó retratar la miseria, hambre y violencia que generaban y, por tanto, sugerir la necesidad de una revolución. Deus e o Diabo na Terra do Sol y Terra em Transe son algunos de sus trabajos más famosos.

Otros directores claves del movimiento incluyen a Nelson Pereira dos Santos, Ruy Guerra y Carlos Diegues. La libertad para expresar sus opiniones políticas se hizo escasa desde que tuvo lugar el golpe de Estado de 1964 y se incrementó la represión política durante los años siguientes, forzando a muchos de estos artistas a huir al exilio.

Cine B

Un "cine margina" emergió asociado con el área de Boca de Lixo en São Paulo. En 1968, Rogério Sganzerla presentó O Bandido da Luz Vermelha, una historia basada en un criminal infame del período. El año siguiente, se presentó la película Matou a família e foi ao cinema de Júlio Bressane, una historia en la cual el protagonista mata a su familia y luego va al cine. Algunas veces, el cine marginal de este período es denominado udigrudi, una bastardización de la palabra inglesa underground. También fue popular Zé do Caixão, el alter ego del actor y director de cine de terror José Mojica Marins.

Asociado con el género, surge la pornochanchada, un género popular en los años 1970. Como el nombre lo sugiere, eran comedias sexuales, aunque no representaban escenas de sexo explícitamente. Un factor clave sobre el motivo por el cual estas películas marginales prosperaron fue que las salas de cine estaban obligadas a respetar ciertas cuotas de películas nacionales. Muchos propietarios de tales establecimientos financiaron películas de bajo presupuestos, incluyendo aquellas de contenido pornográfico. Si bien el país se encontraba bajo una dictadura, la censura tendió a ser más política que cultural.

Años 1970 y 1980

Las películas en este período se beneficiaron de las agencias administradas por el Estado, en particular Embrafilme; sin embargo, su rol fue ambiguo. Por una parte, se criticaba su dudoso criterio de selección, burocracia y favoritismo y fue vista como una forma de control gubernamental sobre la producción artística. Por otra parte, la mayor parte de la producción cinematográfica de este período fue posible debido a su existencia.

Se produjo una variada y memorable filmografía, incluyendo la adaptación de la vida de Nélson Rodriguez, Toda Nudez será Castigada (1973) de Arnaldo Jabor; Bye Bye Brasil (1979) de Cacá Diegues; Pixote (1980) de Héctor Babenco y Memórias do Cárcere (1984) de Nelson Pereira dos Santos. Una de las películas más exitosas en la historia del cine brasileña es una adaptación de la novela de Jorge Amado, Doña Flor y sus dos maridos (1976) realizada por Bruno Barreto. En 1975, se alcanzó un pico en la cantidad de salas de cine, al existir un total de 3.276 salas de proyección. Ese mismo año, las películas brasileñas vendieron un total de $275,4 millones en entradas.

Historia del cine brasileño:

1) Período mudo:

La industria cinematográfica brasileña comienza en 1896, con las técnicas primitivas. La primera película fue una documental, rodada en 1898, y trataba sobre la familia de presidente Prudente de Morais. En 1900, se filmó la primera película brasileña, fue de carácter documental, sobre el viaje del presidente Campos Sales a Argentina.

En 1909 se funda la productora Leal y Labanca, que produjo películas de ficción, como “El estrangulador”, inspirada en un crimen real, fue el primer éxito del cine brasileño.

2) Período sonoro:

Al llegar el cine sonoro, comenzó la producción de películas musicales, y Leal y Labanca, fueron pioneros en el género. La primera película musical fue “La viuda alegre”. Con el surgimiento de otras compañías, el cine brasileño fue adquiriendo prestigio.

Durante la Primera Guerra Mundial, las películas aumentaron su costo, con lo cual, la industria entró en decadencia. Durante la década de 1920, hubo una recuperación del cine brasileño.

El género carnavalesco surge y se convierte rápidamente en suceso popular, gracias a las intervenciones de artistas como Carmen Miranda (“Aló, aló Brasil” 1934).

Durante la década del 40, la producción del cine brasileño se centró en películas de baja calidad para el consumo de masas, protagonizadas por figuras del momento, aunque eran consideradas de mal gusto, y fueron llamadas “chanchadas”.

Dichas películas conseguían reflejar el habla y las costumbres del pueblo, constituyendo una muestra de la cultura popular brasileña. Entre 1944 y 1954, la productora Atlántida, tuvo su auge gracias a las “chanchadas”, pero luego entró en decadencia.

El auge industrial paulista durante la década del 50, permitió la creación de la productora Vera Cruz, que atrajo el núcleo cinematográfico, que ostentaba Rio de Janeiro, realizando películas como la famosa “O Cangaceiro” (1953).

3) El cinema nôvo:

El cinema nôvo, surge a mediados de la década del 50, con la intención de dar un nuevo perfil a las películas nacionales y acabar con las “chanchadas” y su excesivo populismo. Es en esta época que surgen los grandes cineastas, con orientación izquierdista, que se oponían al sistema de Hollywood.

Realizadores como Nelson Pereira dos Santos, Rui Guerra, Glauber Rocha, amantes de las “nouvelle vague” francesa y el neorrealismo italiano, encaran los auténticos problemas nacionales, y procuran un cine brasileño viable en condiciones de subdesarrollo, que se plasma en un cine directo, crudo, austero y desmitificado.

El cinema nôvo tiene tres fases: (1960-1964) las producciones se ambientan en las capas pobres; (1964-1968) protagonizada por el activismo político; (1968-1972) producciones de carácter simbólico debido a la censura, los temas alegóricos se ambientan en el pasado brasileño.

Otro de los grandes realizadores de este período fue Joaquim Pedro de Andrade, responsable de “Macunaíma” (1969), y Leon Hirszman, director de “Xica da Silva” (1976).


4) El nuevo cine brasileño, la retomada:

A comienzos de la década del 90, tuvo lugar una crisis en el cine brasileño, debido al cierre de la agencia estatal de distribución y producción, que finalizó con la promulgación de la ley del audiovisual, que subvencionaba las producciones. Esto permitió un aumento en la producción cinematográfica.

Este nuevo cine brasileño, conocido por la crítica como la “retomada”, es de carácter independiente, capaz de representar la multiculturalidad, sin perfiles temáticos o estilísticos. Ha surgido un nuevo realismo, donde el director forma parte de la nueva mass media, con directores provenientes de la publicidad, de la crítica cinematográfica. Algunos de los principales éxitos de esta corriente es, “Estación central de Brasil” de Walter salles (1998), “Ciudad de Dios” de Fernando Meirelles (2002).

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